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Solitaria, pensativa, divertida en mayor o menor medida, gusto por escuchar, leer, escribir, escuchar música, imaginar, sentir.

jueves, 6 de septiembre de 2012

Cacería


Era extremadamente curioso cómo la vida podía tener tantas caras. ¿Yo? Yo sólo tenía una, pero utilizaba todas las máscaras y mentiras que hicieran falta con tal de alcanzar lo que me proponía. Llevaba un par de días encerrada leyendo e investigando sobre mi amada Escandinavia y sobre su historia tras mi partida y había descubierto cosas muy interesantes. Pero tanto estudio había hecho que me olvidase por completo de que yo no era inmortal porque sí, y que debía alimentarme. Mi estómago rugía y tenía la boca seca, por lo que al salir a la calle comencé a escuchar latidos por todas partes, pero me aventuré por las zonas poco transitadas para asegurar mi éxito y mi sigilo. Los callejones, el cementerio o las afueras de la ciudad siempre eran un blanco perfecto: solitarios y silenciosos. Un golpe rápido, sólo un golpe seco y tenía la sangre que necesitaba. 

Esa noche decidí vestirme para la ocasión y me puse un vestido rojo ceñido que ayudaba a resaltar mis dotes, y me perfilé los labios con carmín del mismo color, pero de tonalidad más oscuro. Con mi piel blanca y ese resalto, era propiamente una dama de la noche. Perfecta.

Salir a cazar siempre había tenido una parte buena y otra mala. La buena, era que me había terminado gustando asustar a las personas y morderlas hasta dejarlas secas; la mala, que me acordaba vez sí vez también del bastardo que me transformó en esto. Pero yo era optimista, así que me olvidaba rápido de él y me dedicaba a saborear el precioso líquido escarlata que una vez habitó caliente dentro de mí. 

Yo llevaba tacón, pero gracias a mi sigilo los zapatos no eran más que un adorno que sólo sonaba si yo así lo deseaba. Sin embargo, sí que escuché unos a lo lejos gracias a mi oído desarrollado. Y también capté un olor, y la presencia de la que provenía ese olor... una mujer, pero había algo más, otra presencia y otro olor... otro vampiro. Aspiré hondo y me dirigí hacia ella utilizando toda mi agudeza sigilosa. Con un poco de suerte, me dejaría el camino libre. Sino... Ay, sino. 

Me oculté tras un saliente de una casa y allí observé, disimulando mi olor con el de una caja de frutas podridas que tenía delante. No me convenía que el otro supiese que yo estaba allí, porque de lo contrario las cosas podían ponerse feas hasta el punto de que tendría que matarlo. Vi cómo tropezaban y escuché cómo él farfullaba, pero siguió adelante sin menor problema y una sonrisa triunfal de oreja a oreja se plantó en mis labios. Festín a la vista, y podría beber cuanto quisiera: por su ropa y su aroma era una simple prostituta, así que nadie la echaría de menos.

Cuando el otro se hubo alejado lo suficiente (suficiente para mi olfato y mi oído) salí de donde me encontraba y me acerqué a ella por detrás, despacio, con mucho cuidado y sigilo, hasta que me coloqué justo detrás de su espalda y aspiré profundamente el olor de su cuello.

-Bú... -susurré, y rápidamente cubrí su boca con mi mano, impidiéndole gritar. -Más te vale quedarte calladita si quieres volver a ver el amanecer... -amenacé, y comencé a arrastrarla hacia detrás de unas maderas.

Entonces, inevitablemente, él acudió a mi mente. Dioses, lo juro por lo más sagrado... Por Thor y por todos los ángeles caídos, juro que se arrepentirá de haberme hecho lo que me hizo.

4 comentarios:

  1. Me encantan los relatos, libros y series de vampiros jaja :)
    Este relato me gusta mucho, Judith; pero me he quedado con sed. ¿Nos pondrás una continuación? ^^

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  2. Claro, en cuanto me libre un poco de los exámenes de recuperación ^^

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  3. Qué bien se te dan estas cosas xD Siempre es un placer leer a alguien con una inventiva como la tuya (sobre todo si es sobre temas vampirícos) :)

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